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- ...Y entonces aquella tarde se presentó en mi casa, mis padres lo recibieron y obviamente, con lo estúpidos y crédulos que son, se creyeron todas las mentiras y erróneos razonamientos del profesor Glend. Que en el internado aprendería a comportarme y a respetar como se debe tanto a mis superiores como a los de mi nivel; que allí viviría una experiencia única que me enseñaría que no se puede vivir siendo un don-nadie; y que allí aprendería a separarme de las malas compañías, ya que solo me traerían problemas... Pero... ¿Qué problemas me podrían traer? Yo soy los problemas, yo soy el problema; yo soy ese tormento que tiene como objeto desgastar poco a poco el sistema circulatorio de los profesores aumentando su presión arterial en el día a día hasta niveles insanos. Ugh, cómo ha sonado eso. Bueno, en realidad mi objetivo no es ese; pretendía hacerme el interesante, pero sabes que no me sale... Oye, Clara, ¿alguna vez te has preguntado qué debe ser realmente mi objetivo? - paré de hablar durante unos segundos, pero proseguí al no recibir una rápida respuesta - Realmente... ¿Por qué hago todo esto? ¿Por qué no soy como tu? Desde luego todo seria más fácil... Aunque más aburrido. ¿Sera por eso que boicoteo mi vida? Si es por eso menudo imbécil estoy hecho... Al fin y al cabo, tu te diviertes conmigo, y todo te va bien... Oye, Clara, fíjate en que tu diversión sale de mi fracaso. ¿Es por eso que eres mi mejor amiga y pasas los días enteros conmigo? Si es así... Más que mi amiga eres amiga de mi fracaso... Clara, si no fuese un fracasado, ¿serias mi amiga? Oye... ¿Me estas ignorando, clara? ¿Estas ahí? Es que no me contestas a - y entonces fui toscamente interrumpido por mi compañera.
- Sht! Si, estoy aquí. Y si, te estoy ignorando. Recuerda que si alguien nos oye estas perdido; así que démonos prisa, lleguemos a su despacho, cojamos la carpeta de traslados y vámonos cuanto antes. - susurró Clara.
- Que si... Ya me callo. Aunque al acabar con esto hablaremos, que quiero acabar ya - otra vez fui bruscamente interrumpido.
-Sht! Calla, la señora Domínguez aun esta en su despacho; así que seriamente, calla! - me contestó Clara en voz baja, cada vez más harta.
- Si, no te preocupes, no tengo sentimientos... De hecho si quieres puedes ser aun mas dura conmigo, que aguantaré. Los últimos años a tu lado siendo nada más que tu amigo me han dejado hecho todo un hombre... Que por cierto, aun me debes algún tipo de explicación por el beso que me diste antes de ayer en la fiesta de Martín - me dije a mi mismo, en un irónico y triste tono.
Al instante en acabé la frase, sin ni tener tiempo a preguntarme cuál iba a ser la reacción de Clara, ésta me pego con todas sus fuerzas en la entrepierna, sin mover ni un pelo, sin dejar de caminar a cuclillas hacia el despacho del señor Glend; y a pesar de que oyó mi forzada respiración intentando no pensar en el dolor, Clara consiguió que me callara.
Dados unos quince pasos pasamos el despacho de la señora Domínguez. ¡Qué mujer! Era mi profesora de matemáticas. Y, aun siendo yo el gandul insufrible que era, ella sabia menos que yo. Siempre me pregunté cómo la llegaron a colar en el instituto como profesora, porque os juro que si la hubieseis visto, si hubieseis vivido alguna de sus clases... Nadie hacía nada ya que en los exámenes nos dejaba copiar a los buenos alumnos. A parte de sus dotes para la enseñanza, tenía un físico que daba miedo. Siempre venia con el pelo teñido de naranja, más corto de un lado que del otro, todo rizado. Una cara, raída por sus años de tabaquismo y su paupérrima genética, lideraba un bajo pero ancho cuerpo, gordo, peludo y deforme como pocos, siempre vestido con pantalones anchos mezclados con camisetas grandes pero abrigos que difícilmente le cerraban. Aunque también la podemos describir como un búfalo que camina a dos patas, con cabeza de sapo, piernas de elefante, y manos de orangután. Todo gordo y muy peludo. ... Si, exacto, así era ella.
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