viernes, 6 de febrero de 2015

Haiku I

Cabizbajo entro,
todos ellos me miran;
luego, respiro.

O el Sol o Yo: Fragmento Suelto I

[…]
- ...Y entonces aquella tarde se presentó en mi casa, mis padres lo recibieron y obviamente, con lo estúpidos y crédulos que son, se creyeron todas las mentiras y erróneos razonamientos del profesor Glend. Que en el internado aprendería a comportarme y a respetar como se debe tanto a mis superiores como a los de mi nivel; que allí viviría una experiencia única que me enseñaría que no se puede vivir siendo un don-nadie; y que allí aprendería a separarme de las malas compañías, ya que solo me traerían problemas... Pero... ¿Qué problemas me podrían traer? Yo soy los problemas, yo soy el problema; yo soy ese tormento que tiene como objeto desgastar poco a poco el sistema circulatorio de los profesores aumentando su presión arterial en el día a día hasta niveles insanos. Ugh, cómo ha sonado eso. Bueno, en realidad mi objetivo no es ese; pretendía hacerme el interesante, pero sabes que no me sale... Oye, Clara, ¿alguna vez te has preguntado qué debe ser realmente mi objetivo? - paré de hablar durante unos segundos, pero proseguí al no recibir una rápida respuesta - Realmente... ¿Por qué hago todo esto? ¿Por qué no soy como tu? Desde luego todo seria más fácil... Aunque más aburrido. ¿Sera por eso que boicoteo mi vida? Si es por eso menudo imbécil estoy hecho... Al fin y al cabo, tu te diviertes conmigo, y todo te va bien... Oye, Clara, fíjate en que tu diversión sale de mi fracaso. ¿Es por eso que eres mi mejor amiga y pasas los días enteros conmigo? Si es así... Más que mi amiga eres amiga de mi fracaso... Clara, si no fuese un fracasado, ¿serias mi amiga? Oye... ¿Me estas ignorando, clara? ¿Estas ahí? Es que no me contestas a - y entonces fui toscamente interrumpido por mi compañera.
- Sht! Si, estoy aquí. Y si, te estoy ignorando. Recuerda que si alguien nos oye estas perdido; así que démonos prisa, lleguemos a su despacho, cojamos la carpeta de traslados y vámonos cuanto antes. - susurró Clara.
- Que si... Ya me callo. Aunque al acabar con esto hablaremos, que quiero acabar ya - otra vez fui bruscamente interrumpido.
-Sht! Calla, la señora Domínguez aun esta en su despacho; así que seriamente, calla! - me contestó Clara en voz baja, cada vez más harta.
- Si, no te preocupes, no tengo sentimientos... De hecho si quieres puedes ser aun mas dura conmigo, que aguantaré. Los últimos años a tu lado siendo nada más que tu amigo me han dejado hecho todo un hombre... Que por cierto, aun me debes algún tipo de explicación por el beso que me diste antes de ayer en la fiesta de Martín - me dije a mi mismo, en un irónico y triste tono.
Al instante en acabé la frase, sin ni tener tiempo a preguntarme cuál iba a ser la reacción de Clara, ésta me pego con todas sus fuerzas en la entrepierna, sin mover ni un pelo, sin dejar de caminar a cuclillas hacia el despacho del señor Glend; y a pesar de que oyó mi forzada respiración intentando no pensar en el dolor, Clara consiguió que me callara.
Dados unos quince pasos pasamos el despacho de la señora Domínguez. ¡Qué mujer! Era mi profesora de matemáticas. Y, aun siendo yo el gandul insufrible que era, ella sabia menos que yo. Siempre me pregunté cómo la llegaron a colar en el instituto como profesora, porque os juro que si la hubieseis visto, si hubieseis vivido alguna de sus clases... Nadie hacía nada ya que en los exámenes nos dejaba copiar a los buenos alumnos. A parte de sus dotes para la enseñanza, tenía un físico que daba miedo. Siempre venia con el pelo teñido de naranja, más corto de un lado que del otro, todo rizado. Una cara, raída por sus años de tabaquismo y su paupérrima genética, lideraba un bajo pero ancho cuerpo, gordo, peludo y deforme como pocos, siempre vestido con pantalones anchos mezclados con camisetas grandes pero abrigos que difícilmente le cerraban. Aunque también la podemos describir como un búfalo que camina a dos patas, con cabeza de sapo, piernas de elefante, y manos de orangután. Todo gordo y muy peludo. ... Si, exacto, así era ella.
[...]

Eatsmile Dogs: Fragmento suelto I

[...] Cuando entré en ese antro, casa del despilfarro, el tabernero me dio la bienvenida amablemente, pero con una sonrisa tan falsa e hipócrita que no me pude contener a devolverle el saludo con una mirada que transmitía de todo menos ese maldito gesto "cordial" que me había concedido. Me senté en la mesa más próxima a la puerta, al lado de una de las ventanas, hechas de una madera más húmeda y podrida que la honra de los políticos de aquella época. Las paredes, estaban carcomidas y llenas de pintadas y boquetes causados por a saber qué pelea o borracho aburrido con ganas de romper algo; el suelo reflectaba la melancólica luz amarilla que emitían exactamente cuatro bombillas colgadas de distintas zonas del tejado del local, por no hablar de lo patinoso, sucio y embarrado que estaba. Los mostradores, realmente daban pena, ya que también hechos de madera al puro estilo rústico, se encontraban en un estado de putrefacción irreversible, aunque no tan raídos como el estado de ánimo de los allí trabajadores.

Tras unos pocos segundos esperando en la "mesa", vino uno de los camareros. Estos se hacían llamar "Sirve Sonrisas" todo para seguir con el estúpido modelo que la corporación "Eatsmile Dogs" había dictado en sus tiempos de auge económico. Y si, creo que haré una pausa para describir a estos "Sirve Sonrisas", ya que su vestimenta y forma de actuar eran tan patéticas que ni los niños, que ya los pocos que iban, iban acompañando a su desgraciado padre, se lo creían ni se divertían. Estos malditos sujetos iban aun vestidos con un disfraz cutre y mal cosido, lleno de agujeros y manchas de grasa, que pretendía aparentar un perro feliz que repartía cachos de carne rancia, de a saber qué animal, para "¡que todos los niños crezcan y sean felices!". Y es que era muy triste... Ese era su actual eslogan (odio usar palabras españolizadas), y supongo que debido a este, a los disfraces, a la mala publicidad y al ambiente de ese "local de comida rápida", que era ahora una taberna para que los borrachos, mal paridos, descuidados y deprimidos como yo fuésemos y ahogásemos nuestras penas llorando o pegándole a alguno de esos amorfos perros, la corporación "Eatsmile Dogs", que había aplastado durante décadas al famoso "Burger King", se fundió como la cuenta de un funcionario en tiempos de crisis, degradándose hasta llegar a ser la calamidad que era. [...]