[...] Cuando entré en ese antro, casa del despilfarro, el tabernero me dio la bienvenida amablemente, pero con una sonrisa tan falsa e hipócrita que no me pude contener a devolverle el saludo con una mirada que transmitía de todo menos ese maldito gesto "cordial" que me había concedido. Me senté en la mesa más próxima a la puerta, al lado de una de las ventanas, hechas de una madera más húmeda y podrida que la honra de los políticos de aquella época. Las paredes, estaban carcomidas y llenas de pintadas y boquetes causados por a saber qué pelea o borracho aburrido con ganas de romper algo; el suelo reflectaba la melancólica luz amarilla que emitían exactamente cuatro bombillas colgadas de distintas zonas del tejado del local, por no hablar de lo patinoso, sucio y embarrado que estaba. Los mostradores, realmente daban pena, ya que también hechos de madera al puro estilo rústico, se encontraban en un estado de putrefacción irreversible, aunque no tan raídos como el estado de ánimo de los allí trabajadores.
Tras unos pocos segundos esperando en la "mesa", vino uno de los camareros. Estos se hacían llamar "Sirve Sonrisas" todo para seguir con el estúpido modelo que la corporación "Eatsmile Dogs" había dictado en sus tiempos de auge económico. Y si, creo que haré una pausa para describir a estos "Sirve Sonrisas", ya que su vestimenta y forma de actuar eran tan patéticas que ni los niños, que ya los pocos que iban, iban acompañando a su desgraciado padre, se lo creían ni se divertían. Estos malditos sujetos iban aun vestidos con un disfraz cutre y mal cosido, lleno de agujeros y manchas de grasa, que pretendía aparentar un perro feliz que repartía cachos de carne rancia, de a saber qué animal, para "¡que todos los niños crezcan y sean felices!". Y es que era muy triste... Ese era su actual eslogan (odio usar palabras españolizadas), y supongo que debido a este, a los disfraces, a la mala publicidad y al ambiente de ese "local de comida rápida", que era ahora una taberna para que los borrachos, mal paridos, descuidados y deprimidos como yo fuésemos y ahogásemos nuestras penas llorando o pegándole a alguno de esos amorfos perros, la corporación "Eatsmile Dogs", que había aplastado durante décadas al famoso "Burger King", se fundió como la cuenta de un funcionario en tiempos de crisis, degradándose hasta llegar a ser la calamidad que era. [...]
Tras unos pocos segundos esperando en la "mesa", vino uno de los camareros. Estos se hacían llamar "Sirve Sonrisas" todo para seguir con el estúpido modelo que la corporación "Eatsmile Dogs" había dictado en sus tiempos de auge económico. Y si, creo que haré una pausa para describir a estos "Sirve Sonrisas", ya que su vestimenta y forma de actuar eran tan patéticas que ni los niños, que ya los pocos que iban, iban acompañando a su desgraciado padre, se lo creían ni se divertían. Estos malditos sujetos iban aun vestidos con un disfraz cutre y mal cosido, lleno de agujeros y manchas de grasa, que pretendía aparentar un perro feliz que repartía cachos de carne rancia, de a saber qué animal, para "¡que todos los niños crezcan y sean felices!". Y es que era muy triste... Ese era su actual eslogan (odio usar palabras españolizadas), y supongo que debido a este, a los disfraces, a la mala publicidad y al ambiente de ese "local de comida rápida", que era ahora una taberna para que los borrachos, mal paridos, descuidados y deprimidos como yo fuésemos y ahogásemos nuestras penas llorando o pegándole a alguno de esos amorfos perros, la corporación "Eatsmile Dogs", que había aplastado durante décadas al famoso "Burger King", se fundió como la cuenta de un funcionario en tiempos de crisis, degradándose hasta llegar a ser la calamidad que era. [...]
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